Un llamado a una Humanidad y Gobernanza Global más contundente

 

 

 

Con consternación, vemos cuánto el COVID-19 ha afectado a personas y naciones. Esta pandemia es una de las mayores crisis humanitarias en la historia moderna y se ha extendido a países frágiles y afectados por conflictos. Esta pandemia aumenta la vulnerabilidad de las personas que ya experimentan crisis humanitarias, pobreza, desigualdades y aprietos económicos. Las necesidades humanitarias se volverán más agudas y más difíciles de equipar y financiar, ya que los países de todo el mundo se centran en satisfacer sus propias necesidades relacionadas con el COVID-19.

En momentos en que todos los gobiernos e instituciones deberían estar garantizando el acceso pleno, seguro, inmediato y sin restricciones para el personal humanitario y médico, así como sus equipos y suministros a las áreas más afectadas, es angustioso ver a algunos gobiernos utilizando tácticas de guerra económica para controlar las cadenas de suministro de bienes que ahora se convierten en estratégicos y, que por su vez, socavan una respuesta humanitaria justa, especialmente en países con menos recursos económicos.

Las implicaciones para los países con sistemas de salud débiles pueden ser especialmente severas, y pueden afectar desproporcionalmente personas altamente expuestas o confinadas, incluidos migrantes y personas desplazadas, solicitantes de asilo, refugiados y aquellos viviendo en asentamientos informales. Las comunidades que dependen en gran medida de la asistencia humanitaria, o están sujetas a sanciones económicas y restricciones de importación, pueden enfrentar graves amenazas.

En un momento en que incluso los países con sistemas de salud y economías fuertes y sólidas tienen dificultades para responder a los desafíos del COVID-19, y cuando la colaboración y solidaridad internacional es primordial, todavía vemos que algunos pocos gobiernos siguen siendo inflexibles para relajar o anular embargos económicos y sanciones a países y poblaciones que han estado luchando por sobrevivir incluso en tiempos normales.

Esta pandemia afecta a hombres y mujeres de manera diferente, y las personas también pueden enfrentar peligros adicionales debido a la discriminación racial, la edad y el género. Debemos reconocer que las mujeres están en primera línea y las enfermeras constituyen la mayor parte del personal médico en la mayoría de los países, pero también que las mujeres son más susceptibles a la violencia sexual y de género en tiempos de cuarentena y aislamiento.

En medio de tales escenarios, es impresionante experimentar la solidaridad demostrada por personas, comunidades, gobiernos e instituciones de todo el mundo. Esta ola solidaria crea una oportunidad para construir un nuevo espíritu para la humanidad, pero dependerá principalmente de las actitudes de la gente, incluidos los líderes e instituciones políticas.

Agradecemos el llamado del Secretario General de las Naciones Unidas a la comunidad internacional para avanzar hacia una estrategia de salud “que garantice, con total transparencia, una respuesta global coordinada, incluida la ayuda a los países que están menos preparados para enfrentar la crisis”. Del mismo modo, su llamado a un alto al fuego global inmediato, a “silenciar las armas” y “centrarnos juntos en la verdadera lucha de nuestras vidas”.

También agradecemos el llamado de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet y otros que han pedido que se relajen las medidas de sanciones internacionales y unilaterales para permitir a los países el acceso a los bienes y equipos necesarios en el contexto de la pandemia: ” Las exenciones humanitarias a las medidas de sanciones deben tener un efecto amplio y práctico, con una autorización rápida y flexible para equipos y suministros médicos esenciales”.

Como dicen muchos investigadores, pueblos e instituciones, el mundo no será el mismo después de la pandemia de COVID-19. Por lo tanto, creemos firmemente que es hora de aprovechar esta oportunidad para repensar nuestra comprensión de la humanidad y cómo funciona la gobernanza global.

Debemos aprender de nuestra historia. El sistema de Naciones Unidas se creó hace 75 años como respuesta a las atrocidades de una gran crisis mundial, donde se establecieron muchos principios e instrumentos para garantizar la paz y la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Ahora es el momento de evaluar cómo la comunidad internacional mantiene estos principios e instrumentos y enmendarlos a la nueva realidad que tenemos ante nosotros.

Por lo tanto, ACT Alianza llama a los pueblos, gobiernos, instituciones multilaterales y organizaciones de la sociedad civil, incluidas las comunidades de fe, a tomar medidas decisivas y con visión de futuro con respecto a la pandemia de COVID-19. Particularmente, exhortamos a:

  1. Los gobiernos a hacer todos los esfuerzos posibles y utilizar todos los recursos necesarios para combatir el COVID-19 como una pandemia mundial y garantizar que las cadenas de suministros transfronterizas tanto médicos como de otros bienes esenciales puedan funcionar de manera efectiva y eficiente para el bien común.

 

  1. Las Naciones Unidas, las organizaciones humanitarias y los gobiernos a continuar garantizando adecuada asistencia humanitaria y de desarrollo, financiamiento y protección social a las personas afectadas por conflictos, guerras, desplazamientos y

 

  1. La comunidad internacional y a los gobiernos a suspender o exonerar el pago de la deuda externa de los países pobres afectados a fin de permitirlos a asignar recursos a la respuesta de la pandemia.

 

  1. Los gobiernos a detener de inmediato los embargos y las sanciones económicas a los países afectados por la pandemia, especialmente Cuba, Irán, Corea del Norte y Venezuela, como un gesto de humanidad superando a una postura política.

 

  1. Todas las personas, los gobiernos y las organizaciones a reconocer el impacto de la pandemia sobre las mujeres y subrayar la importancia de la participación de ellas en el desarrollo de las respuestas a la pandemia.

 

  1. Los gobiernos a reasignar su enfoque, financiamiento y recursos de la maquinaria de guerra hacia la respuesta de la epidemia y así apoyar los procesos de paz.

 

  1. Los líderes políticos a hacer todos los esfuerzos para fortalecer el papel de la ONU a fin de garantizar una gobernanza global basada en principios, incluida la revisión de la Carta de la ONU para garantizar la equidad y la igualdad para toda la humanidad, para una sola humanidad.

 

Rudelmar Bueno de Faria Secretario general de ACT Alianza

 

Ginebra, 8 de abril de 2020